Últimamente estuve pensando nuevamente en tomar mi vida y acabarla de una buena vez. No sé bien por qué, hace rato que no tengo un arranque depresivo severo, estoy medicada y medianamente centrada. Las cosas no van tan mal, vivo con un chico que me ama y me banca en mi locura, me llevo mejor con mi familia ahora que no la veo tanto, tengo tiempo para hacer las cosas que me gustan, leer los libros que quiero, y sin embargo no quiero estar viva.

No estoy triste por eso, de alguna manera siempre supe que mi vida va a terminar cuando yo lo decida a menos que Dios me gane la partida de imprevisto. Antes tenía más y mejores razones, ahora sólo tengo algunos espacios vacíos que sé que no puedo llenar. La vida nunca va a tener sentido u objetivo, porque es el producto aleatorio de los químicos en el lugar y momento correctos. El Universo es indiferente a mi existencia, a nuestra existencia, a la vida en general. Nada significa para él quedarse sin espectadores, el tiempo nos precede y no hay nada que podamos hacer para detenerlo. Toda la injusticia que había cuando yo llegué, seguirá existiendo cuando me vaya.

No tengo nada que hacer acá más que vivir día tras día imaginando cuan hermoso sería si fuera el último. Pero las mañanas se suceden una tras otra sin que el final se vea en el horizonte. Es cada vez menos resistible la tentación de dibujar los caminos que van hacia mi corazón con el filo de una navaja, trazar el mapa de la vida en mi piel de manera irreversible para esperar a que vengan los gusanos.

No es algo que hable con mi psicóloga, mi psiquiatra o nadie que quiera ayudarme. Es algo que publico en el secreto de estos píxeles para sacarlo de mi pecho por un rato, sólo un rato. No sé que hacer ni a dónde ir, no sé qué siento.

Todo está vacío.

M.A.P. Of The Problematique

Publicado: 24/04/2017 en Amor, Desamor, Personal

Un conjunto de pastillas me alejan de los abismos en que he vivido tantos años, pero aún sigo estando suficientemente cerca como para pensar en dibujarme las venas con algún filo que pueda encontrar cada vez que encuentro silencio en mi cabeza. Las voces que me llaman a irme de este mundo tienen un eco cada vez más insufrible.

Las cosas por casa sos turbulentas, el caos me sigue a donde quiera que voy. Haberme ido a vivir con un flaco a la tercera salida puede haber sido una idea bastante estúpida. Hay momentos en que las cosas parecen funcionar, hay otros en que parece no escucharme, y otros en los que simplemente me hace sentir que soy una pertenencia o una mascota. Tal vez me vea como una niña a la que es fácil decirle (o insinuarle) qué es lo que puede o no hacer. Pero todos sabemos que no es ese el caso. Entonces vienen las peleas, la postura defensiva, los reproches, los gritos. Y en medio del caos vino a aparecer M.A.P.

Amores hay pocos que puedan marcar tanto como el primero. Y sé que hay pocas cosas tan intimidantes como su reaparición después de largos dos años. También sé que lo amé tanto como para considerar la loca idea de vivir toda la vida que Dios fuera a darme. Sólo yo sé lo duro que fue para mí superarlo, porque no sólo perdí al amor de mi vida, también perdí a mi mejor amigo, a mi complice, a mi confidente, a mi maestro.

La vida decidió ponérmelo adelante en el momento en el que estoy encarando una nueva relación. El haber pactado un encuentro tuvo poca gracia para mi novio, que a regañadientes aceptó que no puede decirme lo que tengo que hacer. Y el encuentro fue todo lo que no esperaba que fuera: grato, cómodo, amistoso. Fue recuperar por unas horas a quien fue mi mejor amigo, fue reírme y llorar, contar y escuchar historias, compartir libros y lecciones de vida. No hubieron besos ni roces, ni dobles intenciones. No necesité reclamarle respuestas, sólo disfrutar de ver a quien es una de las personas más intensas que conocí en la vida.

Aparentemente, mi novio creía que era algo que no iba a repetirse o mantenerse, porque el reclamo y el griterío de recién son prueba de que no estoy haciendo lo que el quiere. Sé que está intimidado, porque quizas nunca va a poder llenar esos zapatos. Pero no necesito que lo haga, es otro momento de mi vida y necesito otras cosas. Algo de paz, tal vez, pero creo que es algo que no puede darme. Creo que no entiende que, en esta situación, lo único que logra al presionarme es alejarme. No creo que entienda nunca el hecho de que no va a poder domarme.

No creo que tenga la visión suficiente como para poder mapear la problemática.

It’s Over, Isn’t It?

Publicado: 13/09/2016 en Amor, Personal, Reflexiones

Hoy leí mensajes de amor, perdidos en Internet, de una chica a su ex, con quien ya no está desde hace largos cuatro años. Y ella sigue sufriendo. Estuvo ya con otras personas y aún sigue sufriendo por aquel. Y me hace preguntarme, ¿en qué momento se sabe que se superó al amor de la vida?

Soy una infeliz, no hay duda de eso, pero ya no lo soy por el Sin-Nombre. Soy infeliz por mis genes y por mi historia, pero no por él. Durante muchos meses fui saltando de un pelotudo a otro, sin engancharme y sin objetivos. Después decidí quedarme sola, decidí morirme y la vida decidió ponerlo a él en mi camino. Estoy enamorada (maldito amor) de alguien que apareció en el momento menos adecuado, de alguien que me pateo el tablero y me cambió las reglas. Boga es tan increíble que no pude evitarlo, desde el día en que lo conocí no quise a nadie más en mi vida, en mi mundo.

El pánico se instaló en mí cuando empecé a sentir nuevamente, pero aún así decidí que valía la pena intentarlo. Cuanto más lo conozco, menos me cuesta elegirlo otra vez, y otra vez. Y sé que no hace mucho que estamos juntos, pero se siente tan… bien, tan correcto. Estar al lado suyo es estar donde debo estar.

El día en que dejé de tener miedo a querer a Boga, a seguir con mi vida y a no dejar que mi pasado me condicione, el día en que volví a enamorarme fue cuando lo superé. Ese fue el momento, y ni un minuto antes. Es extraño que todos esos sentimientos que tuve por el Hombre-Sin-Nombre se hayan ido. Es raro que, después de todo, alguien haya vuelto a hacerme feliz. Es indescriptible esa sensación que me generó estar llorando juntos, entre risas, besos y complejos. No puedo creer que haya una persona con quien pueda compartir mis emociones, que no tenga miedo de contarme sobre las suyas. Es mucho y muy de golpe. Es difícil de procesar, de comprender, pero es increíble que me esté pasando a mí.

Dentro de mi anormalidad él me hace sentir normal. En medio de mi soledad me hace sentir acompañada. En medio de mis miedos me hace sentir querida. Él es una bocanada de aire fresco en medio de un océano oscuro y aplastante. Y ahora aprendí que puedo seguir adelante.

Boga

Publicado: 10/07/2016 en Personal

Casi pasó un mes desde que lo conocí en circunstancias que no recuerdo del todo bien. Ambos habíamos tomado de más en aquella fiesta de disfraces en la que todo era gratis y en la que no conocíamos a la cumpleañera. Mi traje de Harley Quinn me daba la impunidad de jugar con los límites de la conducta correcta. No recuerdo cómo terminamos bailando juntos, no recuerdo cómo comenzamos a besarnos. Recuerdo bien que decidimos irnos juntos.

La pasamos bien, nos entendemos bien. Me gustan muchas cosas de él, es un freak que anda buscando pokémons en la calle, que mira dibujos animados conmigo después de tener sexo, que tiene un sentido del humor absurdo y que hace el grito de Boga en momentos aleatorios. Su voz carece de un acento característico, es casi como si no perteneciera a ningún lugar, habla un perfecto inglés y un castellano que no comprende la ironía o el lunfardo. Es adorable y abrazable, alto pero no demasiado. Sus rulos caen por su frente según los caprichos del azar y sin oír a la gravedad, ronronea cuando le rasco la barba y me abraza con firmeza cuando me besa. Camina sin miedo a tomarme de la mano, es bastante franco y directo, fantasioso y medio volado. Le gusta ser caballeroso, pagar por todo aunque me queje y hacerme caminar del lado de la pared y no del de la calle.

Nos venimos viendo desde hace un mes, una vez cada semana. “Me volvés loco” dice, “me gustás mucho” respondo. Y es cierto. Cuando apoya sus labios contra los míos podría pasar días saboreándolos sin dejarlo ir. Y, sin embargo, trato de ser cauta, de no engancharme más de lo que ya lo estoy haciendo. No puedo leer su mente, no puedo saber más de lo que interpreto de sus acciones, pero ya no confío en mi intuición. Me gustaría saber qué dirección cree él que estamos tomando, si estamos en la misma sintonía. Me da muchas buenas señales, y mi cabeza sólo puede concentrarse en buscar signos de rechazo. Me gusta, y no puedo evitarlo.

Mix it Up: Reloaded

Publicado: 03/07/2016 en Flashes Varios, Personal

Hablé con Maranathá. Técnicamente, confesé mi pecado del año. No estaba segura de lo que iba a sentir, lloré como niña pequeña y lo escuché abrazarme con palabras. Me hizo sentir más liviana, me hizo sentir más apta para enfrentar el “alti” después del “bajo”. Me ayudó a sentirme un poquito menos débil, escuchó todo lo que tenía que decir, me dijo todo lo que tenía que escuchar. “Te quiero, ahijada”, me dijo en un abrazo. “Yo también” respondí absorbiendo la absolución.

Vi al Boga nuevamente y me encanta. Fuimos al parque a sentarnos junto al lago, a tomar mate y a compartir el cheesecake que horneé para él. Todo esto bajo la lluvia. Reímos por los patos que nos rodearon cuando abrimos el tupper, nos refugiamos bajo el paraguas y nos mojamos donde no podía cubrirnos. Caminamos bajo el agua, nos empapamos y no nos importó. Fuimos al cine, tomamos mate mientras reíamos y nos besábamos durante la proyección de una película de terror. Y no me llevó a un hotel, salimos simplemente a divertirnos. Y, más allá de las claras ganas que teníamos de matarnos en una habitación, me hizo sentir llena y feliz saber que le gusta pasar tiempo conmigo fuera de las sábanas. Me acompañó hasta la puerta de mi casa, nos comimos a besos, se llevó mi tupper con la torta y me dejó un gorrito de lana con su perfume.

Mi casa es un ambiente tóxico, que envenena los momentos de alegría que vivo. Quizás en el fondo no soy tan amarga, pero en este rancho podrido no puedo ser. Tengo que ver cómo puedo sobrevivir a las lenguas afiladas de mis hermanos, al circulo vicioso  de locura y dolor. El miércoles, después de ir a la psicóloga, caminé bajo el Sol y me sentí viva y feliz, riendo y saltando con la música bailando entre mis oídos. ¿Quién soy?

Me vuelvo a meter en mi propio pellejo después de haber visto tanto tiempo desde afuera lo que le pasaba a la cárcel de mi espíritu. ¿Cómo se vive después de intentar morir? “Vos dijiste que fracasaste miserablemente, pero no querías hacerlo en realidad, volviste atrás. Ya tocaste fondo, ahora tenés que impulsarte hacia arriba para tomar una bocanada de aire”. Ay, Maranathá, ¡Cuánta falta me hacías!

Déjà Vu

Publicado: 01/07/2016 en + The Nada, Flashes Varios

24 años. Estudiante de derecho. Hijo único. Rulos locos, ojos expresivos. Fan de los juegos y los comics. Medio hipster y políticamente derechoso. Buena onda, ducho con las palabras, gracioso. ¡Déjà vu, carajo.!

Por un segundo pensé en huír despavorida, pero me gusta mucho. Es lindo, es alto, es inteligente, tenemos muchísimo en común. La sombra del Sin-Nombre no puede arrebatarme eso, y voy a seguir tanteando con el Boga. Pero hay momentos en los que tengo esos flashes e impresiones de haber vivido todas estas cosas antes. Lo veo reflejado en el espejo del techo, ví su fantasma en los ojos cerrados del Boga somnoliento.

Pero quizás sea sólo el hecho de que es mi tipo, al fin. No puedo evitar que me guste lo que me gusta, y claramente mis favoritos siempre van a tener varias similitudes. Pienso en el Chico Budweisser, en el Pirata, todos los que me flecharon tienen cierto estilo, cierta carita y pelos revoltosos, cierta actitud. Pero siempre las historias resultan diferentes, y espero de todo corazón que la historia con el Boga sea muy distinta a todas, y que esta sensación de déjà vu se vaya de una buena vez. Quiero revertir esta racha, y él me está haciendo bien.

Bien, no sé para quién corno escribo cuando escribo acá, pero mi vida se transformó en algo tan absurdo y tan tragicómico que necesito escribirlo en algún lado, porque no puedo dejar de reírme, no puedo evitarlo.

Bien, al fin hice el intento de suicidarme. Nada grave, no temáis, fracasé miserablemente porque creí que iba a ser capaz de hacer un buen nudo corredizo después de tomar 3/4 litro de tequila. Casi me muero del pedo que me agarré, y muy apenas recuerdo algo de lo que pasó. Recuerdo irme y volver por un cachetazo de mi madre. Recuerdo una ambulancia, recuerdo la camilla, recuerdo haber vomitado. Fue algo muy estúpido, demasiadas malas elecciones. Volví a casa de la guardia un tanto sedada, y dormí como si nunca tuviera que levantarme.

Bien, mi madre me levantó cuando volvió del trabajo, medio llorosa, diciendo que no quería verme así, que no le podía hacer estas cosas a ella, que si tenía un problema lo ibamos a solucionar.
-Mamá, ¿qué creés que pasó anoche?
-Te agarraste una curda con tequila grande como una casa
-Mamá, no soy alcohólica, es que no quiero vivir más
-Me quedo más tranquila hija
Ella realmente está más tranquila con esa respuesta. No me eché a reír porque era un mal momento, pero hoy hablando con la psicóloga no pude evitar matarme de risa con eso. Todo acá siguió como si nada, porque creo que nadie entendió lo que paso. Mejor así, es más fácil. Pero es tan estúpido.

Bien, hoy estené psicologa y le conté lo que pasó. Dijo que, por como hablo, estoy llena de vitalidad. Y me reí. Puede que tenga razón en que no quiero morirme, porque me da un poco de miedo en realidad, pero no soy muy entusiasta respecto de la vida. No sé, no estoy segura de poder confiar en alguien porque sí, pero es bueno que al fin esté sentada con alguien que no va a interrumpirme para contarme sus estúpidas historias de autosuperación.

Bien, sigo alejada de todo. Todo me interesa poco, no quiero hacer nada, no quiero salir porque el chusmerío corre fácil en un edificio, no quiero que la gente me mire y me pregunte. Sería gracioso que gente que no sabe mi nombre me pregunte cómo estoy. ¡Ay Dios! No puedo sentir las palabras que uso, no tengo ganas de llorar, de leer, de hacer, de pensar. Pero nada cambió en mi mundo. No me siento ni peor ni mejor, ni más optimista ni más negativa, no me siento ni más viva ni más muerta. Poco recuerdo de lo que pasó y no tengo intención de recordar más, es un poco humillante el nivel de fracaso, porque ni el tiro del final me salió, pero eso no me apena. Es como si hubiera sido una crisis más de la que me levanté sin que nadie se haya dado cuenta. Y nada cambió, no sé si mi familia está igual de loca que yo, si todo esto ocurrió realmente, o si a nadie le importó demasiado. Y me causa mucha gracia, porque siento que todo lo veo desde afuera, porque no siento las cosas que le pasan al títere de carne en el que vivo.

Bien, me sorprendió un poco haberlo hecho al fin. Venía pasando por una crisis larga que no puedo terminar de remontar. Me siento culpable a veces por sentirme así, hay mucha gente pasando por cosas peores con actitudes mejores. Mi mejor amiga tiene a su abuelo muy enfermo, otros tienen la cabeza quemada por la facultad, estoy en contacto con muchas personas que pasan hambre, que casi murieron y la siguen peleando. Pero no puedo manejar esto, el bache emocional se me fue de las manos. Lo noté en mi desinterés por todo, en el descuido personal, en el desorden de mi cueva, en mi falta de ganas para tocar la guitarra, en mi ira irreprimible cuando me pedían consejos por problemas estúpidos personas con delirio de ombligo del mundo, en la pulsión destructiva que me recorría cada vez que salía por la noche. Y ahora, mágicamente, todos se habían dado cuenta de que había algo raro en mí. Y me causa mucha gracia, ¿por qué nadie pregunta nada hasta que es tarde?

Ya está, cuánta ambigüedad, ¡esta vida me va a matar! 
Mi corazón vacío no soporta una ausencia más